Estaba en casa. Vi en la televisión lo que estaba pasando en América, todo el lío, y me di cuenta de que nada bueno podía salir de aquello. Hacía menos de un año que me acababa de casar, y guardaba en casa lo que habíamos juntado en la boda, porque en 2001 los tipos de interés no eran demasiado altos y no valía la pena depositarlo en el banco. No era demasiado dinero – unos 2.000 o 3.000 dólares – pero para mí entonces suponía muchísimo.
Así que corrí desesperadamente a coger el dinero. Cuando pasan ese tipo de cosas se suele devaluar el dólar, ¿te das cuenta?, y todos nuestros ahorros estaban en dólares. Convencí a mi marido por una vez en la vida de que había que actuar rápidamente, y me puse a correr en dirección a la casa de cambio más cercana. Allí todo era tranquilidad – ¡no se habían enterado de nada! -, así que pude cambiar mi dinero al tipo de cambio normal, de aquella mañana. Cuando, de vuelta a casa, le comenté la jugada a mi suegro, él también quiso cambiar sus dólares, poca cosa, unos 500. En vano: sólo un cuarto de hora más tarde todas las casas de cambio de la ciudad estaban cerradas. No volvieron a abrir en toda la semana. El dólar no recuperó nunca la cotización de entonces.
Así pasé yo el 11 de septiembre de 2001.
Mujer, 32 años, Craiova
Triunfó.
comentario por banyuken — Septiembre 12, 2008 @ 8:52 pm