Hace apenas unas horas he conseguido aprobar los exámenes para obtener el carnet de conducir. En Craiova, Oltenia, Balcanes.
Gracias a todos los que me han felicitado y a todos aquellos que me hubieran felicitado si se lo hubiera contado, o que me van a felicitar en el futuro. Gracias también a mi madre, ya que aunque ha sido la única que en lugar de felicitarme se ha apresurado a dejarme claro que no me deja el coche ni de broma, pues bueno, ya se sabe que madre no hay más que una, así que gracias también.
En fin.
Si no me equivoco, debo ser el primer gallego de la historia que se saca el carnet de conducir en el judet de Dolj, efemérides quizás insuficiente para llegar a figurar algún día en la wikipedia, pero al menos digna de incluir en mi antología de rarezas.
Y como este blog, al tiempo que es una entretenida antología de rarezas tiene unas vagas pretensiones de divulgación y formación, entremos en materia, pues no descarto que algunos de mis lectores se decidan a seguir mi ejemplo e intenten obtener su permiso de conducir en la policia del judet Dolj.
Guía del autoescuelista balcánico, en 13 capítulos:
1) Contrato de alquiler en la provincia de Dolj. Imprescindible que el contrato se legalice en la Autoridad Financiera del municipio en cuestión (en mi caso Craiova); normalmente la legalización implica una subida en el alquiler para que el propietario acepte nuestra absurda pretensión de tener los papeles en regla.
2) Cuenta bancaria en una sucursal de la provincia de Dolj, con al menos 100€ de saldo. Parece sencillo a priori, pero no nos confiemos. Yo tuve que recorrerme tres sucursales distintas del centro de Craiova para que alguien se dignara a abrirme una miserable cuenta.
En el BRD me dijeron que debía presentar una factura de gas de un apartamento en Craiova, incluso para abrir una cuenta como no residente (?). Inasequible al desaliento, caminé hasta el Piraeus Bank, donde una mujer muy amable me recomendó que me dirigiera a algún banco acostumbrado a tratar con españoles (!), porque ellos no tenían intención alguna de abrirme la bendita cuenta. Así que probé suerte en el BCR. Decisión correcta, porque tras movilizar a media sucursal y echar tres cuartos de hora rellenando papeles y justificándome por tener dos apellidos en lugar de uno, se dignaron a recojer mis puñeteros 100 € y darme tres o cuatro recibos.
3) Certificatul de inregistrare. Aquí empiezan las emociones fuertes. A estas alturas alguno se estará preguntando para qué demonios es necesario alquilar un apartamento y tener una cuenta con 100€ en el banco si lo que uno quiere es sacar el carnet de conducir. Paciencia.
Con el contrato de alquiler, el resguardo del banco, dos fotografias tamaño carnet, una tasa fiscal de 1 leu y una carpeta (porque hay que traerla de casa), nos dirijimos a la Policia provincial de Dolj y le pedimos al nene politist (señor policía) que nos emita el certificado de registro, que prueba que somos ciudadanos de la Unión Europea con residencia permanente en Dolj.
El autoescuelista balcánico ya se habrá dado cuenta de que es inútil explicarle a un olteno que Dios lo ha creado con dos apellidos y un nombre: Nenea politist llegará a sus propias conclusiones independientemente de lo que le digamos, y si decide que uno se llama Abad, se apellida Oscar, y Rodríguez es una errata del DNI español, hay que aceptarlo sin darle más vueltas.
El certificatul de inregistrare tarda apenas un par de días. Una vez en nuestro poder, además de acordarnos de todos los muertos de los ministros del interior de Rumanía por diseñar un certificado de registro tamaño cuartilla en lugar de algo parecido a un DNI, podemos empezar la scoala de soferi (autoescuela), porque este papelaco nos asigna un Cod Numeric Personal (CNP), como a todos los rumanos.
4) Cazier judiciar. El primer día, el Instructor (con mayúscula) de turno de la autoescuela te dirigirá su speech sobre lo difícil que es completar el dossier para examinarse y, si le da tiempo, te hablará un poquito sobre la conducción. Su principal preocupación será que obtengas el certificado de antecedentes penales (cazier judiciar), que como eres extranjero, tarda más.
Así que te llevará esa misma tarde a la comisaría de policía de turno (una distinta a la del certificatul de inregistrare) y preguntará a nenea politist de la puerta por el horario de solicitud de cazier. “Por las tardes hasta las cinco y media. Es mejor venir a esa hora, que está menos aglomerado que por las mañanas“.
En efecto, no está aglomerado en absoluto.
Al día siguiente a las cinco de la tarde en punto te encontrarás con la ventanilla donde se solicitan los antecedentes penales cerrada a cal y canto. “Cierra a las cuatro y media. Es mejor de todos modos que vengas por la mañana“, te dirá otro policía.
Al día siguiente a las 9:00 encontrarás una cola de unas cuarenta personas esperando a la intemperie para solicitar su cazier. Sólo hay una ventanilla en el minúsculo recinto, el policia se toma su tiempo y tu mientras tanto te congelas. Cuando llegas dentro en la sala donde está la ventanilla compruebas que de hecho sí hay una segunda ventanilla pero no para tramitar, sino para que todo el mundo pague sus 5 lei de tramitación urgente. Nadie sabe muy bien qué pasa con una solicitud si alguien comete la imprudencia de no pagar la tramitación de urgencia, porque después de hora y media en una cola la gente no se fía un pelo y prefiere soltar el miserable billete con la cara de George Enescu antes que arriesgarse a caer en un limbo administrativo.

Los certificados de antecedentes penales se emiten inmediatamente a los rumanos; a tí por ser extranjero te dura unos días, pero en todo caso menos de una semana. Menos mal. Por supuesto, aparecerá cualquier cosa en el lugar reservado para tu nombre: Las combinaciones posibles partiendo de dos apellidos y un nombre son más de las que parecen, y los burócratas oltenos son muy creativos.
5) Aviz psihologic y adeverinta medicala. Llegados a este punto el instructor considera que ya vale la pena interesarse por los certificados médico y psicológico. Así que te llevará a su psicólogo y médico de cabecera.
El “gabinete de psicología” será la fría, oscura y miserable casa de una señora de edad, vestida con abrigo y gorro a lo Elena Ceausescu, que te dará unos tests psicotécnicos raídos y absurdos, que parecen sacados del contenedor de la basura de algún otro psicólogo.

La psicóloga tenía un aspecto parecido, sólo que el marido no estaba en casa
Por alguna cuestión de astrofísica que no llego a entender, el aviz psihologic lo habrás hecho mucho antes de empezar la autoescuela; a estas alturas de la película sabes que lo mejor es no preguntar demasiado sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás.
En cuanto a la adeverinta medicala, el reconocimiento médico dura unos tres minutos, apenas un minuto más de lo que durará el examen práctico de conducción. Pero no adelantemos acontecimientos.
6) Acopio de documentos varios. Una vez tenemos el certificatul de inregistrare, el cazier, el aviz psihologic y la adeverinta medicala, ya nos falta poco para completar el dossier. El instructor nos pedirá una copia del diploma de estudios y de todos los documentos de identidad que tengamos a mano, además del certificatul de inregistrare que ya hemos aportado. En mi caso: El pasaporte, el DNI y la tarjeta de identidad de personal técnico de la Embajada de España en Bucarest.
7) Declaración jurada conforme no se posee carnet de conducir en otro país. Ir al notario en Rumanía es una experiencia traumática. La notaría es un apartamento de tres habitaciones lleno de gente extraña, gitanos hablando a voces, señoras cercanas a los 115 lustros de edad que apenas pueden sostener el bolígrafo para firmar, otras llorando a voz en grito porque no tienen dinero para legalizar una declaración, gente entrando, saliendo, preguntando, pasantes haciendo las veces de asesores jurídicos, caos por todas partes y sobre todo una laaaaarga espera hasta que se termina toda esa farsa.
A duras penas convencerás a la que redacta las declaraciones para que añada tu CNP. Te resignas a que se te identifique con tu DNI y se te ponga un nombre distinto al del certificat de inregistrare y al del cazier. Pagas tus 18 lei y llevas la declaración jurada al Instructor que, satisfecho, anunciará al autoescuelista balcánico que al día siguiente llevará su dossier a la policia de tráfico.
Solicitud de registro para el examen. Si ha seguido todos los pasos hasta este punto, el autoescuelista balcánico tendrá su premio: Será el instructor y no él quien solicite su registro para el examen. Nos limitaremos a darle 5 lei en concepto de tasas de registro (no confundir con los 5 lei que habrá que pagar el día del examen en concepto de tasas de examen) y esperar noticias.
9) Declaración jurada conforme se lleva residiendo en Rumanía más de 185 días. Empiezan las sorpresas. El instructor llama al autoescuelista: La policía no acepta el dossier. Aunque tengas una tarjeta de funcionario de la Embajada de España en Bucarest en vigor desde abril de 2006, hay que demostrar que llevamos más de medio año residiendo en Rumanía. Hay que hacer otra declaración notarial. Además, el día siguiente es el último para registrarnos en el examen.
Pero tranquilo, porque tu Superinstructor lo habrá arreglado todo diligentemente con otra notaría distinta a la del punto 7, a la que tendrás que acudir a las 9 de la mañana del día siguiente (los notarios no madrugan demasiado) simplemente para firmar y… pagar, como siempre. Dicho y hecho. El Instructor aparece a las 9:30 y le das la nueva declaración. Gracias y hasta luego. Cojes un taxi y te vas al trabajo (si eres un autoescuelista balcánico, posiblemente estará a unos 40 kilómetros de Craiova, por ejemplo en Filiasi).
10. Rehacer la declaración jurada del punto 7. Este punto es el más dramático. Te llama el instructor media hora después de terminar el punto 9, cuando ya estás a 20 kilómetros de la ciudad. “Oscar, hay que rehacer la primera declaración jurada. Ahora“. Ordenas al taxista que dé la vuelta y te vas a la notaría. Aparece el Instructor y convence con sus malas artes al pasante de que nos rehaga la declaración jurada sin coste adicional. Ya ni siquiera nos interesa por qué hay que rehacerla.
La notaría está más llena que de costumbre. Pasan muchos minutos. El Instructor se va. “Llámame inmediatamente cuando tengas la declaración“. El taxista se impacienta y entra a preguntar: Tienes que prometerle propina. El móvil se queda sin batería justo cuando te dan la declaración, así que pasas por la autoescuela con el encargo de que se la entreguen lo antes posible al Instructor. Y te vas.
Si lo haces punto por punto como digo yo, el dossier será finalmente aceptado. Harás el examen en tu día. Mientras tanto, si tienes algo de tiempo libre entre trámite y trámite, aprendes algo de legislación vial y a manejar el coche. Nunca está de más.
11. Tasa de examen. El día del examen Llegas a la Facultad de Agronomía a las 7:30 de la mañana. 250 personas abarrotan el vetusto pasillo frente a la puerta de la temida sala. Sólo diré de la gente del pasillo que es mayor el porcentaje de gitanos que de personas que se habrán duchado esa mañana. Sale un tipo que empieza a cubrir recibos. La infame taxa de examinare. La gente se abre paso hacia él a empujones, suelta 5 lei y grita su nombre, que el infeliz funcionario garabatea en un recibo. La farsa dura unos 20 minutos. Sin tu recibo no entrarás en la sala.
Típico tumulto olteno
12. Examen teórico. Se abre la puerta de la sala y aparece un policia. Anuncia que habrá tres turnos de examen y que los candidatos serán llamados por orden alfabético y se les asignará un número. Si te llamas Oscar Abad, serás el número 1.
Los rumanos entran en la sala con su buletin y su recibo; tu entrarás con DNI, pasaporte, certificado de registro, recibo y, en su caso, tarjeta de la embajada de España.
La Comisión de Examen sabemos que está formada por cuatro policías, de los cuales el jefe es el Subcomisario Petrescu. Un tipo autoritario y carismático, que dirige al autoescuelista balcánico y sus apestosos colegas un discurso de los que hacen huella.
En la hoja de respuestas se completa una declaración responsable en la que se incluye el nombre del Instructor y del profesor de teoría (?). En el caso de no haber frecuentado demasiado las clases teóricas de la autoescuela, que todo puede suceder, el Instructor se habrá preocupado con anterioridad de escribirte en una hojita el nombre de un profesor de teoría cualquiera.
A continuación se reparten los exámenes, unos cochambrosos pedazos de plástico a todo color tamaño A3, de los cuales se nos dice que hay 30 distintos. Tenemos 30 minutos, 26 preguntas con tres posibles respuestas (a, b y c), que pueden ser múltiples, y hay que acertar como mínimo 22.
Cuando el autoescuelista termina su examen, pasa su hoja de respuestas al policia que le haya tocado en gracia. Nenea politist coje entonces su plantilla de respuestas, un plástico transparente con agujeros que deben corresponderse exactamente con las X que hemos marcado en la hoja de respuestas. Si el intrépido autoescuelista acierta 22, como el arriba firmante, es declarado admitido y convocado a las 11 de la mañana para recibir nuevas instrucciones.
13. Examen práctico. Llega lo mejor. Puede suceder que el Instructor tenga a otro autoescuelista aprobado el mismo día, y entonces llega la locura. Mi caso:
Aparece el instructor y nos dice a mí y a Luiza (la otra chica): “Intentad que os hagan el examen uno a continuación del otro, para facilitar las cosas” (!). Entramos en la sala. Unos 90 aprobados del total de doscientos y pico que se presentaban.
Petrescu nos da un speech general. El policía que nos tiene que examinar a Luiza y a mí, el más gordo y viejo de los cuatro, anuncia el punto desde el que tiene que hacer el examen a cada uno de los más de 20 candidatos que tiene. Sin decirnos la hora aproximada, el orden ni nada. Tampoco nos dice su nombre. Si se le pregunta algo se mosquea. Caos.
Salimos. El Instructor nos pregunta. Intenta deducir que primero hará el examen Luiza y después, más tarde, yo. Jamás podré entender cómo llegó a tal conclusión. En cuanto a la hora del examen, ni idea: Puede ser en media hora o en tres horas. Nadie lo sabe. Le describimos el aspecto del examinador, pues el Instructor conoce al dedillo a los cuatro: Quizás sea Niculae, un viejo conocido suyo (bien). Esperamos a las puertas de la Facultad a que salga el examinador para señalárselo al Instructor.
Mientras tanto decidimos el plan logístico. El Instructor irá con Luiza al estadio Ion Oblemenco (su punto de partida) y yo iré con el novio de Luiza en su vetusto Dacia 1410 tuneado a mi punto de partida, el estadio Tineretului. Sale el examinador: Es Niculae. El Instructor sonríe y nos vamos.

Dacia 1410
Espero en el estadio Tineretului. Justo detrás nuestra hay un coche de examen esperando a Niculae, como yo. No olvidemos que estoy en un Dacia tuneado. La ciudad está infestada de autoescuelas en examen. De repente aparece Niculae. Bajo del coche y le digo que mi Instructor está con otro candidato en el Ion Oblemenco. Me ordena que llame inmediatamente al Instructor y que traiga el coche, y mientras tanto sube con el chaval del otro examen (en el examen práctico en Rumanía se montan en el coche sólo el examinador y el examinado).
El candidato pone el intermitente pero tarda en salir. Mucho tráfico. Mientras tanto llega mi Instructor. Hay un momento de caos en el que no sabemos si debe volver al estadio Oblemenco con Luiza, porque es posible que el recorrido del examen que está haciendo ahora mismo Niculae termine precisamente allí, y espere encontrarse a Luiza y su coche, que mientras tanto ha venido al punto del cual se dispone a partir.
Pero las dudas terminan inmediatamente. El candidato, nervioso, se arroja a la carretera delante de un coche; Niculae tiene que pisar el freno para evitar el accidente. Suspenso. Es mi turno.
Nos subimos al Fiat, y como buen listillo ajusto el asiento, los espejos y pongo el cinturón de seguridad. “Arranque“, dice imperativo Niculae. En ese momento me doy cuenta de que las llaves no están en el coche. Se las ha llevado el Instructor, que, no sabemos muy bien por qué, está jugándose la vida cruzando la calle (una amplia avenida con tres carriles por sentido). Le pego un grito desesperado: “¡Las llaves!“, e inmediatamente se arroja entre los Dacia y los Daewoo que circulan como a 100 por hora, con su estúpido llavero rojo de plástico en la mano.
Niculae tiene prisa. Arranco, me meto en una rotonda, llego al estadio Oblemenco y dejo el coche allí mismo. Unos dos minutos.
Aprobado.
Bajo del coche y se acabó.
Los trámites que quedan ahora son meras formalidades: Pagar 50 lei de tasa de emisión del permiso de conducir, solicitarlo en la Policía, recogerlo al día siguiente.
Tras el examen relámpago el autoescuelista balcánico puede relajarse: Lo ha conseguido. Ya nadie puede acusarle de que le gusten las cosas sencillas.
que sepas que pienso como tu madre. como mucho te llevo de copiloto.
Comentario por Artijo — Diciembre 13, 2007 @ 7:05 pm
Yo no te puedo dejar mi coche porque carezco del mismo. El último que tuve lo vendí hace unos catorce meses, aunque me sigue llamando gente preguntando por él (no he podido quitar el anuncio de segundamano.es, y lo puse muy baratito).
Te prometo que lo he leído entero, y he llegado a una conclusión… prefiero haberme gastado cuatro veces más que tú, y haber sudado el examen práctico mil veces más, antes que tener que pasar por toda esa burocracia previa. Lo detesto. Hubiera muerto en el intento.
Enhorabuena, una cosa menos.
Comentario por Banyú — Diciembre 14, 2007 @ 10:15 am
cari, lo he dejado en el punto 8, mañana sigo.
Comentario por elenita — Diciembre 14, 2007 @ 5:50 pm
Grande, Oscar. Muy grande.
Comentario por Alex — Diciembre 14, 2007 @ 7:02 pm
XD jajajaja
Casi se me saltan los puntos de la boca, buenísimo. Dentro de poco la Wikipedia será un cuadernillo comparada con tu Antología de Rarezas.
Mira a ver si te interesa mi 205 del 86, que tengo nuevo coche: si lo quieres lo apañamos por 700 lei (900 para cualquier otro lector interesado).
¡Ah!, enhorabuena por el carné y por tener más moral que el Alcoyano.
Comentario por Javi — Diciembre 15, 2007 @ 12:20 pm
No menosprecies la formación conductora de un rumano. Son los únicos capaces de poner un Dacia de 20 años a 100 kms por hora, cargados con 8 gitanos, cuesta arriba y nevando. Eso se debe de aprender en algún sitio.
Enhorabuena!
Comentario por Pedro — Diciembre 17, 2007 @ 11:58 am
Estoy de acuerdo con varios de los comentaristas.
Yo también prefiero pagar mucho más y examinarme en España
¡Lástima que hemos dado de baja el Opel corsa de Alex, casi de la misma edad que él!
El post es muy bueno. Si en vez de narrar simplemente intentas averiguar los por qués, hubieras superado “El Proceso” de Kafka
Comentario por Pa — Diciembre 17, 2007 @ 6:56 pm
Oscar, tu nivel de rumanizacion ya ha superado en mucho a la mayoria de los rumanos aborigenes. Dentro de nada te nombran hijo predilecto.
Por cierto, esta historia es flipante, enhorabuena por tu flema y aghante ante tanto caos
Comentario por Sergio — Diciembre 20, 2007 @ 10:59 am