El 10 de junio de 1898 el ejército de los Estados Unidos de América desembarcaba en la costa de Cuba con la aviesa intención de derrotar al ejército español y separar para siempre a los desventurados cubanos de su Madre Patria (no revelaré en este blog con qué resultado, pero adelantaré que en España le llamábamos “El desastre del 98“, hasta que en 1998 un desastre todavía mayor nos hizo olvidar a los cabrones de los americanos).
Ese mismo 10 de junio de 1898 otro desastre sucedía muy lejos de allí, en la pequeña isla de Veglia (hoy Krk, noroeste de Croacia, muy cerca de la ciudad de Rijeka, célebre por su equipo de fútbol, que se enfrentó al glorioso Celta en UEFA hace varios años). El anciano sacristán Tuone Udaina, honrado súbdito del Imperio Austrohúngaro, tuvo esa mañana la mala fortuna de pisar una mina antipersona (de fabricación otomana) que un anarquista había abandonado en un camino de la isla natal de la desventurada víctima, con el resultado de la muerte del sacristán y la desaparición de la lengua dálmata (no necesariamente por este orden).
Don Tuone era una persona muy particular. El estudioso Matteo Bartoli, en su muy relevante estudio sobre la lengua dálmata Das Dalmatische: Altromanische Sprachreste von Veglia bis Ragusa und ihre Stellung in der Apennino-Balkanischen Romania (leído como tesis doctoral en la Universidad de Viena, 1906), nos proporciona un vivo retrato del anciano dálmata.
Según Bartoli, que lo conoció en 1897, Tuone era un encanto de persona. Quizás por ello sus amigos le apodaban Burbur (“el cabreado“); además de mala leche y a causa de su avanzada edad, estaba sordo y desdentado. Debía dar miedo verlo. En toda su vida jamás había salido de la isla. Su idioma materno era el veneciano, pero se defendía en alemán e italiano; también sabía un poco de latín.
Un gran tipo.
Probablemente el doctorando Bartoli jamás le hubiera dirigido la palabra de no ser por un curioso detalle: Burbur tambíen hablaba dálmata, idioma en el que se comunicaban esporádicamente sus padres y que él había aprendido de niño. En 1898 llevaba 20 años sin hablarlo con nadie debido a la imperativa circunstancia de que todos los demás hablantes habían muerto. Era, pues, el único dalmatófono del mundo. El último.
La desaparecida lengua dálmata era una de tantos idiomas nacidos por la evolución del latín en la península Balcánica, como el rumano, el istrorrumano, el meglenorrumano o el arrumano. No voy a hablar mucho de ella, porque a mí me resulta tan poco familiar como el istrorrumano, por ejemplo.
Así que volvamos al simpático Tuone Udaina.
Me gustaría saber qué pensaba Burbur al saberse el último hablante de una lengua, destinado a figurar tras su muerte como un nombre y una fecha en los manuales de lingüistica. Pudiendo insultar tranquilamente a todo el mundo y criticar a los vecinos y que nadie le entendiera.
Aunque a lo mejor precisamente estaba siempre tan enfadado porque, con lo que cuesta aprender un idioma, le parecía de mala educación que todos los demás hablantes se hubieran decidido a morirse sin habérselo enseñado antes a alguien más, para poder darle uso. Posiblemente lo habían hecho todos aposta para fastidiarle. Los balcánicos son muy retorcidos, y si son medio italianos, ya ni te cuento.
Me gustaría también saber qué hubiera pensado el anarquista terrorista que puso una mina en el sitio en el que iba a pisar Tuore Udaina si hubiera sabido que, más que afectar al poder del Emperador Franciso José de Austria, su sabotaje se saldaría con un muerto y un idioma romance extinguido, para desgracia de lingüistas frikis como Bartoli. Y qué hubiera opinado Bakunin de las consecuencias para el idioma dálmata de la praxis anarquista.
[Otros atentados causarían mayor quebranto al bigotudo Francisco José, como el cometido tres meses después en Ginebra por el anarquista Luigi Lucheni - 10 de septiembre de 1898 - y que tuvo como resultado una emperatriz muerta, un emperador viudo y, lo que es peor, una espantosa trilogía cinematográfica].
Así, queridos míos, se escribe la historia. Sic transit gloriae mundi, como se dice vulgarmente. Si de mayores queréis ser como el señor Tuone Udaina, ya sabéis: aprended un idioma minoritario, una vez aprendido genocidad a todos los demás hablantes del mismo, llamáis a un lingüista en paro, le soltáis cuatro frases impactantes y cuando estéis en el zenit de la gloria buscáis una mina de fabricación otomana colocada por un anarquista para salir elegantemente del escenario y aligerar el listado de la UNESCO de idiomas en peligro de extinción.
Para Elena, a modo de epílogo: si te interesa, te recomiendo que pruebes con el idioma armenio. Creo que tienes una cuestión pendiente con esa nación, que históricamente ha sufrido una terrible negación de su genocidio por parte de elementos radicales navarros (no quiero dar más detalles sobre el incidente del pasado mes de mayo en Vama Veche).
Sublime, como casi siempre.
PD: tienes algunos enlaces rotos.
comentario por Banyú — Octubre 5, 2007 @ 9:26 am
Está corregido, muchas gracias por avisar.
Me alegro de que te gusten estas historias estrafalarias. Como te dije una vez, hay gente tan rara que tienen que existir necesariamente en la realidad, porque si fueran personajes de ficción nadie se los creería.
comentario por Gigi — Octubre 5, 2007 @ 9:53 am
Por cierto, Gigi y Óscar son la misma persona.
comentario por Gigi — Octubre 5, 2007 @ 9:54 am
Mira lo que me ha salido (despues de tu blog) al buscar Tuore Udaina en Google, maaadre mia!
http://nacionalismo.blogs.com/byebyespain/2005/01/y_qu_si_una_len.html
comentario por Iban — Octubre 5, 2007 @ 2:11 pm
Uno de los comentarios da un speech mucho mejor que el artículo del blog, e incluso recomienda un link muy bueno en italiano, para quien esté interesado en los dialectos dálmatas:
http://www.fondazionecanussio.org/atti2000/muljacic.pdf
comentario por Gigi — Octubre 5, 2007 @ 3:06 pm
me esta dando como pereza lo de aprender una lengua nueva, pero a lo del g…….. me apunto(gente q no me conoce: ES BROMA)
q egocentrica soy, pero me encanta que me nombres en tus post.
besoooooooo
comentario por elenita — Octubre 5, 2007 @ 3:38 pm
Muy interesante, como casi todas tus “historias”.
A propósito de lenguas muertas, nos podemos preguntar por qué algunas “sobreviven” después de morir, como el latín o el griego. Estoy de acuerdo, en cuanto que una lengua es un medio de comunicación, con el artículo al que nos remite Banyú, pero la comunicación no es solamente oral: los antiguos nos transmiten su cultura a través de lenguas muertas.
Las lenguas que no se encierran en sí mismas y en el purismo, sino que aceptan otras culturas, otras palabras, extranjerismos, neologismos, etc. (es decir, están vivas) difícilmente mueren, al menos en cientos de años y sobre todo si se transmiten en obras escritas.
Recomiendo la lectura de The Adventure of English (“The biography of a language) por Melvyn Bragg, para ilustrar lo que digo. Un saludo a todos.
comentario por Pa — Octubre 5, 2007 @ 8:51 pm
Estoy de acuerdo, es admirable la capacidad de la lengua inglesa de adaptarse a nuevas realidades, de expresar conceptos que van apareciendo.
Y al contrario de lo que dice mucha gente, el onglés me parece un idioma extraordinariamente bello y literario… Aunque sea un tópico, recomiendo leer a Shakespeare en inglés. Es buenísimo.
Yo, como gallegoparlante de transición (mis abuelos eran bilingües, mis padres se expresan mejor en castellano, mi hermano y yo estamos casi perdiendo la capacidad de hablarlo), no me alegra que un idioma desaparezca.
No creo que nadie salga ganando al pasar de ser bilingüe a ser monolingüe del idioma más grande. Sinceramente.
comentario por Gigi — Octubre 8, 2007 @ 5:31 pm