Día 9882: Eatin’ altramuces
Buenas tardes noches a todos los que me echábais de menos.
El parte:
Sigo viviendo (es un decir) en Craiova, corazón de Oltenia y puerta de los Balcanes; sigo trabajando para FCC, y ya son 10 meses y 7 días; y sigo acumulando kilómetros en mi Clio Symbol DJ - 30 - FCC: He pasado de 11.000 km en 2 meses y 17 días.
El ultimo libro que he terminado - leo muy poco ultimamente - ha sido Brigadas del Espacio, de Robert Heinlein. Muy recomendable. Ahora mismo estoy con una historia del Imperio Otomano y con una antología de relatos de ciencia ficción. He estado leyendo en internet, además, sobre un tema fascinante: las formaciones políticas que surgieron en la península itálica tras la caída del Imperio Romano. Ignoraba totalmente, por ejemplo, que tras la deposición de Rómulo Augústulo el Senado Romano juró lealtad al emperador de Bizancio y que, en consecuencia, tras la caída del Imperio Romano de Occidente la ciudad de Roma pasó a formar parte del Imperio Bizantino (brevemente, claro).
La última película que he visto fue Der Gekofte Hahn, de Radu Gabrea. La película es bastante floja (el montaje y el guión dan grima), pero trata un tema fascinante: La segunda guerra mundial desde el punto de vista de la comunidad sajona de Rumanía.
No viene a cuento, pero es un gran vídeo. Eurovisión, 1979
Hoy se cumplen 9882 días Ab Oscare conditus, que diría Tito Liviu, o sea, desde mi nacimiento. En estos 9 veces 9 veces 121 días he visto muchas cosas, aunque todavía no he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhauser, y prometo fijarme más en el próximo montaje alternativo de Blade Runner; y aunque últimamente lo que vea con más frecuencia sean cadáveres de perro despedazados en la carretera, la historia de esos doblemente divisibles por 9 9882 días merece ser contada.
En otra ocasión.
-Señor conde -comenzó Patronio-, uno de estos hombres llegó a tal extremo de pobreza que no le quedaba en el mundo nada que comer. Habiéndose esforzado por encontrar algo, no pudo más que encontrar una escudilla de altramuces. Al recordar cuán rico había sido y pensar que ahora estaba hambriento y no tenía más que los altramuces, que son tan amargos y saben tan mal, empezó a llorar, aunque sin dejar de comer los altramuces, por la mucha hambre, y de echar las cáscaras hacia atrás. En medio de esta congoja y este pesar, notó que detrás de él había otra persona y , volviendo la cabeza, vio que un hombre comía las cáscaras de altramuces que él tiraba al suelo. Este era el otro de quien os dije también había sido rico.
Cuando aquello vio el de los altramuces, preguntó al otro por qué comía las cáscaras. Respondiole que, aunque había sido más rico que él, había ahora llegado a tal extremo de pobreza y tenía tanta hambre que se alegraba mucho de encontrar aquellas cáscaras que él arrojaba. Cuando esto oyó el de los altramuces se consoló, viendo que había otro más pobre que él y que tenía menos motivo para serlo. Con este consuelo se esforzó por salir de pobreza, lo consiguió con ayuda de Dios y volvió otra vez a ser rico.





